Homilía

Homilía

Bahia Blanca, 15 de Octubre

Querida Comunidad de la Parroquia San Francisco
Querida Escuela San Francisco
Hermanos/as de la OFS y JUFRA
Mons. Carlos Aspiroz Costa op
P. Ernesto Mendiondo

 

Es difícil poner en palabras lo que todos sentimos en estos momentos. Quisiera agradecer a todos y a cada uno por tanto.

Nuestra presencia en Bahía Blanca forma parte de un sueño. El sueño de un grupo de frailes que quiso compartir la alegría del Evangelio en estas tierras. Un sueño que se hizo posible con el entusiasmo y la entrega de todos los que creyeron en esta Buena Noticia. Los hermanos construyeron con mucha hazaña esta comunidad. Cómo no recordar a fr. Danilo, fr Juan, fr. Antonio, fr. Alfredo, fr. Pablo, fr. José Antonio, fr. Rodolfo y por supuesto al “querendón” fr Bernardo; y tantos hermanos que en lo pequeño de cada día fueron haciendo de este lugar un espacio de familia, de fe y de esperanza. Seguramente muchos de los que están aquí presentes, recordarán a los hermanos viviendo en vagones en estas calles hoy asfaltadas y que en aquel tiempo se inundaban. Cómo no recordar la  moto de fr. Danilo, o la bicicleta de fr. Juan. Y tantas anécdotas que fueron construyendo esta narración. Los hermanos a la par de los vecinos fueron haciendo de este espacio una casa común. Era nuestro sueño que los niños pudiesen jugar y crecer con alegría, que nuestros adolescentes y jóvenes pudieran educarse y tener un proyecto de vida, que los adultos cuiden y sostengan con responsabilidad nuestro bien común, y que nuestros ancianos pudiesen sonreír y abrazar con la sabiduría de una vida entregada. Hoy podemos decir con mucha satisfacción que juntos hemos construido aquel sueño que se sigue abriendo a la esperanza de nuevos desafíos.

Si bien nuestra partida tenga el sabor amargo de la despedida, tiene a la par el sabor fecundo de la entrega, el sabor fructuoso de lo que Francisco de Asís nos dejara como herencia, cuando vayan por el mundo anuncien ante todo la paz.

Quisiera pedirles perdón por nuestras infidelidades, por nuestras incoherencias que hayan escandalizado a la comunidad, nuestras fragilidades que pudieran oscurecer el horizonte del bien. Perdón por no cuidarlos, por no ser agradecidos, por no estar siempre al alcance del don de cada uno de ustedes. Dios Padre Bueno tenga misericordia de nosotros.

Quisiera agradecerles por haber confiado en los hermanos, por habernos dejado entrar en sus historias para celebrar juntos el don de la vida. Gracias por dejarse convocar a la construcción del Reino de Dios, por aceptar la llamada del Señor a formar comunidad y anunciar su Buena Noticia. Gracias por sus gestos, por sus palabras, por sus cuidados.

Para despedirnos quisiera decirle a cada uno de ustedes que el tiempo nuevo que hoy se inicia está cargado de esperanza. Todo lo que viene de Dios sobreabunda en vida nueva. Estoy seguro que continuarán con responsabilidad y empeño el camino evangelizador iniciado.

Por último, agradezco a nuestra Escuela San Francisco, a las Representantes Legales, a los directivos, alumnos y todo el personal presentes hoy en esta eucaristía. Es nuestro deseo que este espacio continúe en el proyecto evangelizador franciscano.

Querido P. Ernesto y Mons. Carlos, les dejamos lo mejor que tenemos, nuestra gente, cada uno de ellos, sus historias, sus familias, son el espacio fecundo donde fue sembrada la semilla de Dios. Ellos continuarán con el celo y el entusiasmo propios de los creyentes, siempre deseosos por hacer el bien, por ser espacios de paz, por crear fraternidad, por anunciar la Buena Noticia de Jesús.

Al Padre de las Misericordias nos confiamos, que su providencia sostenga sus cansancios. Como nos dijera Francisco de Asís, comencemos hermanos porque hasta ahora poco o nada hemos hecho.

María de Loreto nos abrace siempre, abriendo nuestros corazones al Amor. Que la alegría del evangelio sea nuestra única esperanza. Muchas gracias!!