Seguimos creciendo…

Noticias desde Turquía. Hno. Adrián Loza

Esta Navidad fue diferente. ­¿En qué?

Bueno, para entenderlo habría que hacer un poco de historia. No mucho. Hace poco más de tres años cuando vine a vivir a esta casa, Bornova, la comunidad parroquial era casi inexistente. Digo casi, para ser un poco más ajustado a la realidad. Pero si tuviera que decir la verdad, no existía. Solo había dos personas. Una de ellas fidelísima: una ya anciana levantina que ha sido parte de esta comunidad hasta ahora. Si bien ya no puede venir por su inmovilidad y por sus más de 90 años. Luego otra persona, una migrante africana. Y… basta. Nadie más.

Poco a poco yo fui integrándome en esta realidad. Tratando de conocer un poco las costumbres, las historias, la historia de la parroquia y algo más. Poco a poco también empecé a tomar la responsabilidad de la parroquia y de la İglesia.

¡Pero empezamos con el pie izquierdo! ¡Según ellos! Porque yo (hasta ahora) no hablo francés. Y por supuesto, no podía celebrar la Misa en francés como se venía haciendo desde siglos atrás (bueno, exagero, en realidad, desde los cambios con el Vaticano II). Y entonces por ignorancia lingüística, pero sobre todo por opción pastoral comencé a celebrar en turco. Válgame Dios! ¡Qué cosa! Y sí. Yo tenía claro y lo tengo claro hasta ahora que eso es lo que había y hay que hacer. Simplemente porque la realidad nos lo dice. Y lo dice muy claramente. Solo un necio no lo querría ver. La “vieja İglesia católica” de rostro extranjero y lengua “extranjera” va cambiando y adquiriendo un rostro “local”. Todo esto por cierto va suavizado en cierta manera porque ninguno de los levantinos es estrictamente extranjero. La mayoría de ellos han nacido en estas tierras y están aquí desde hace siglos. Pero bueno, esto iría explicada en una lección de historia, que ahora no hace al cuento.

Lo cierto es que, a partir de ese cambio, nuestra comunidad local empezó a crecer poco a poco. Muy poco a poco. ¡Pero muy poco a poco! Algunas familias para las cuales el turco es lengua cotidiana empezaron a venir, algunas otras personas que ya eran católicas, pero iban a otras iglesias, también empezaron a venir, se fueron sumando cada año algún catecúmeno y así cuando quisimos acordar empezamos a tener una pequeña comunidad local.

Es por eso que este año decidí que no iba a pasar la Navidad solo. Alguno de ustedes estuvo aquí alguna navidad hace algunos años y se acordará. Este año quería celebrar la Nochebuena. La Misa iba a ser como siempre, salvo que este año incluso organizamos los cantos con los catecúmenos. ¡Todo salió fantástico! Y después de la Misa de la Nochebuena nos reunimos a festejar con esta nueva comunidad que se va asentando en la fe. Como tradicionalmente se hace preparamos una buena cena (¡hasta yo cociné unos pollos rellenos…!) y bridamos a la medianoche saludándonos y augurándonos Feliz Navidad. Fue realmente una celebración familiar, con tómbola y regalos. Algo que Dios nos ha regalado en este tiempo y que ni imaginábamos, pero tal vez soñábamos algunos años atrás.