
17 Ene Seguimos creciendo…
Noticias desde Turquía. Hno. Adrián Loza
Esta Navidad fue diferente. ¿En qué?
Bueno, para entenderlo habría que hacer un poco de historia. No mucho. Hace poco más de tres años cuando vine a vivir a esta casa, Bornova, la comunidad parroquial era casi inexistente. Digo casi, para ser un poco más ajustado a la realidad. Pero si tuviera que decir la verdad, no existía. Solo había dos personas. Una de ellas fidelísima: una ya anciana levantina que ha sido parte de esta comunidad hasta ahora. Si bien ya no puede venir por su inmovilidad y por sus más de 90 años. Luego otra persona, una migrante africana. Y… basta. Nadie más.
Poco a poco yo fui integrándome en esta realidad. Tratando de conocer un poco las costumbres, las historias, la historia de la parroquia y algo más. Poco a poco también empecé a tomar la responsabilidad de la parroquia y de la İglesia.
¡Pero empezamos con el pie izquierdo! ¡Según ellos! Porque yo (hasta ahora) no hablo francés. Y por supuesto, no podía celebrar la Misa en francés como se venía haciendo desde siglos atrás (bueno, exagero, en realidad, desde los cambios con el Vaticano II). Y entonces por ignorancia lingüística, pero sobre todo por opción pastoral comencé a celebrar en turco. Válgame Dios! ¡Qué cosa! Y sí. Yo tenía claro y lo tengo claro hasta ahora que eso es lo que había y hay que hacer. Simplemente porque la realidad nos lo dice. Y lo dice muy claramente. Solo un necio no lo querría ver. La “vieja İglesia católica” de rostro extranjero y lengua “extranjera” va cambiando y adquiriendo un rostro “local”. Todo esto por cierto va suavizado en cierta manera porque ninguno de los levantinos es estrictamente extranjero. La mayoría de ellos han nacido en estas tierras y están aquí desde hace siglos. Pero bueno, esto iría explicada en una lección de historia, que ahora no hace al cuento.
Lo cierto es que, a partir de ese cambio, nuestra comunidad local empezó a crecer poco a poco. Muy poco a poco. ¡Pero muy poco a poco! Algunas familias para las cuales el turco es lengua cotidiana empezaron a venir, algunas otras personas que ya eran católicas, pero iban a otras iglesias, también empezaron a venir, se fueron sumando cada año algún catecúmeno y así cuando quisimos acordar empezamos a tener una pequeña comunidad local.

Es por eso que este año decidí que no iba a pasar la Navidad solo. Alguno de ustedes estuvo aquí alguna navidad hace algunos años y se acordará. Este año quería celebrar la Nochebuena. La Misa iba a ser como siempre, salvo que este año incluso organizamos los cantos con los catecúmenos. ¡Todo salió fantástico! Y después de la Misa de la Nochebuena nos reunimos a festejar con esta nueva comunidad que se va asentando en la fe. Como tradicionalmente se hace preparamos una buena cena (¡hasta yo cociné unos pollos rellenos…!) y bridamos a la medianoche saludándonos y augurándonos Feliz Navidad. Fue realmente una celebración familiar, con tómbola y regalos. Algo que Dios nos ha regalado en este tiempo y que ni imaginábamos, pero tal vez soñábamos algunos años atrás.
