
30 Jul Itinerancia Vocacional 2026
Nuestra itinerancia vocacional comenzó con el anhelo de trece personas —frailes y jóvenes de nuestras comunidades— por llegar a la Romaria de los Mártires, en Ribeirão Cascalheira, Brasil. Allí donde la memoria de Dom Pedro Casaldáliga nos recuerda que el Evangelio es inseparable de la vida de los pobres, de la tierra y de quienes hicieron del Reino la causa de su vida. Salimos desde Yacuiba, Bolivia, con una propuesta simple: confiar en la presencia de Dios en medio nuestro. Levantando el pulgar al costado de la ruta y sin más provisiones que un poco de ropa, elegimos salir al encuentro de quienes también van de camino por la vida.



Atravesamos Bolivia, Brasil, Paraguay y Argentina. Aunque algunos alcanzaron Rondonópolis, ninguno de nosotros llegó finalmente a la Romaria. Durante un tiempo pensamos que ese era sentido de la itinerancio, pero el Camino nos enseñaron lo contrario. La verdadera Romaria comenzó al aceptar con esperanza la incertidumbre: el no saber dónde dormiríamos, cuándo comeríamos ni quién se detendría para llevarnos.
Al concluir la experiencia en el monasterio de nuestras hermanas Clarisas en Resistencia, nos reunimos para hacer memoria. La consigna fue sencilla: evaluar lo vivido a través de una imagen. Surgieron así el atardecer en la hora dorada, la mañana cubierta de neblina, el mate lavado, el paño para desempañar un vidrio, la bandera llena de nombres, el viento en el rostro, la casa sin adornos, los pies cubiertos de tierra y el río ancho y sereno. Tal vez, estas imágenes, expresaban una misma certeza: la itinerancia afianzó nuestra fe en el Dios compañero, ensanchando el corazón para dejar que Dios sea Dios.
Este escenario posibilitó el encuentro con nuestra verdad, frágil y apasionada, del deseo de seguir a Jesús de Nazaret adoptando el estilo de vida que Francisco abrazó hace más de 800 años. En la ruta, siendo Iglesia necesitada, experimentamos al Dios todocuidadoso con rostro de padre, madre, amigo, hermano e hijo.

Comprobamos que hay caminos que solo se revelan al andarlos, donde cada pisada alcanza para descubrir la siguiente. La providencia no nos adelantó el final; nos regaló la confianza indispensable para dar un paso más, y después otro, y otro. Al volver la vista atrás, recordamos que casi nunca sabíamos dónde concluiría la jornada, qué vehículo nos llevaría, qué comeríamos ni dónde descansaríamos. Sin embargo, el camino jamás dejó de abrirse: no siempre tal como lo habíamos planeado, pero sí exactamente como lo necesitábamos.
Lo vivido nos deja una invitación entrañable, especialmente en este tiempo en que celebramos los 800 años del tránsito de nuestro hermano San Francisco de Asís. Como él, que desde el despojo absoluto y la intemperie eligió anunciar la Buena Noticia, esta misión nos empuja a renovar nuestro modo de estar en el mundo. Intentaremos encarnar aquellas hermosas palabras que Éloi Leclerc nos regala en Sabiduría de un pobre:
«El Señor nos ha enviado a evangelizar a los hombres, pero ¿has pensado ya lo que es evangelizar a los hombres? Mira, evangelizar a un hombre es decirle: “Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús.” Y no sólo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no sólo pensarlo, sino portarse con ese hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que él pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia de sí.»
Volvemos con el alma ensanchada y la certeza de que la itinerancia no ha terminado, sino que apenas comienza a latir en nuestra vida cotidiana. Esta experiencia nos impulsa a seguir andando en clave de peregrinos y forasteros, con el corazón abierto a la sorpresa de los encuentros. En cada ruta descubrimos que la providencia no tiene fronteras, aunque, sí tiene rostros concretos grabados en la imagen de San Francisco que llevamos para escribir los nombres de las personas con las que nos encontramos. Sigamos, pues, caminando con la confianza de sabernos hermanos, dejando que la vida nos siga atravesando y haciendo del Evangelio un camino que se transita todos los días.

Piensa también con los pies
Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.Piensa también, sobre todo,
con el corazón
abierto
a todos los corazones
que laten igual que el tuyo,
como hermanos,
peregrinos,
heridos también de vida,
heridos quizá de muerte.Piensa vital, conviviente
conflictivamente hermano,
tiernamente compañero.Pedro Casaldaliga