Este tercer artículo te invita a encontrarte con lo vocación desde la experiencia contemplativa, a través del testimonio de la hermana Viole. Ella nos presenta su búsqueda vocacional, donde su camino no fue lineal y estuvo lleno de búsquedas, idas, vueltas y vacíos que pedían una respuesta. Vas a encontrarte con un proceso vocacional que encontró su lugar en un monasterio de hermanas clarisas, en un barrio sencillo y austero de Resistencia, donde descubrió que su forma de amar se había transformado. Al final del artículo te dejamos algunas preguntas, para que puedas darle lugar a ese «algo más” que puede estar ya resonando en tu interior.
«El Hijo de Dios se hizo para nosotras Camino»
Testamento de Clara
Compartir sobre la Vocación me resulta hermoso y desafiante a la vez, me provoca una serena alegría y la responsabilidad de expresarme desde dentro, y eso es lo bello, poder ponerle palabras a la propia experiencia, que en el fondo es para otros, para todos, ya que una forma de vida Contemplativa se sostiene con la oración de otros, también con el seguimiento personal de Jesús, el vínculo y la relación con Él alimentada diariamente, en lo cotidiano, que implica la vida, toda la vida, en la oración, en la escucha, en la entrega silenciosa y en el servicio a los demás.
“Entre los múltiples dones que hemos recibido y diariamente recibimos del que nos da con esplendidez, el Padre de las Misericordias, y por el que mayormente debemos dar gracias al mismo Padre glorioso, está el de nuestra vocación…” (Testamento de Clara)
Hace 15 años llegué por primera vez al Monasterio de Resistencia, Chaco en plena novena de Santa Clara, para conocer a las hermanas, no sé muy bien qué pasó, pero sí sé que mi forma de amar cambió, algo se transformó desde ese momento. Verlo a Jesús Eucaristía, estar en silencio, empezar a descubrir la Contemplación, las sonrisas de las hermanas, la acogida y la hospitalidad, el barrio tan sencillo, la gente, puedo decir hoy después de recorrer un poquito el camino, fue lo que hizo que algo DENTRO de mi cambiará, y todo lo que buscaba se concentrará en este lugar geográfico, tan pobre y tan simple, tan sencillo y austero pero con esa BELLEZA de haber llegado a Casa, sin saberlo todavía.
Y aunque no entendía muy bien lo que me sucedía, ese vacío que sentía, eso que nada lo llenaba, eso adentro iba tomando fuerza, ese “algo más”, eso que siempre busqué se hacía sentir y aunque por momentos dudaba, me daba miedo y no sé qué, quería darle lugar a eso que me pasaba, y que poquito a poco iba descubriendo. La búsqueda iba encontrando su cauce, lo que me acompañaba desde hacía tanto tiempo empezaba a dejarse ver lentamente, y podía poner palabras, nombrarlo, y así comencé el discernimiento vocacional.
“Recuerda siempre tu punto de partida”…
Francisco de Asís fue durante mi adolescencia el que me llevo a Jesús, al Pobre Crucificado RESUCITADO, desde otro modo, desde un lugar distinto.
La parroquia (“San Lorenzo mártir” en el convento San Carlos, de Santa Fe) a la que pertenecía, dónde me crié, era de frailes y así escuché sobre Clara de Asís, y por medio de los Hermanos, conocí a las Hermanas.
“… y, con andar apresurado, con paso ligero, sin estorbos en los pies. Segura, gozosa y dispuesta”. (2CtaCl)
No fue nada lineal la búsqueda, todo lo contrario, tantas subidas y bajadas, tantas vueltas, tantas “idas”, tantas venidas, tantos paisajes exteriores y también interiores, tanto sin entender y creyendo que me lo “inventaba” pero con la sed de encontrar respuesta a eso que latía dentro: el LLAMADO.
Al vivir a casi 900 km del Monasterio, hacer discernimiento a distancia, viajar, estudiar, “sobrevivir” y escuchar dentro por momentos se volvía un tanto difícil, pero no fue imposible y todo lo que fui viviendo me ayudó a crecer. Cada vez que viajaba eran como mini retiros en el que no solo ahondaba con una de las hermanas que acompañaba mi proceso sino que seguía conociendo está forma de vivir. Y al volver a mi ciudad ya no era lo mismo. Eso me ayudó a tomar la decisión de entregar mi vida aquí, en este lugar, con estas hermanas.
Mi deseo era dar respuesta, responder a eso que intuía y no entendía muy bien qué era, pero qué mediaciones concretas me ayudaron a ir escuchando y hasta el día de hoy sigo desentrañando. El misterio que cada uno lleva consigo, y es invitado a desplegar, esa pregunta que me sigue acompañando tan existencial y que por momentos se hace oír: ¿¡para qué vine al mundo!? Aunque de otra manera, me sigue animando, y enseñando el dinamismo propio de la vocación, en distintos momentos y etapas. Hoy puedo compartirlo a modo de afirmación también: ¡para algo vine al mundo! Y con las mismas palabras de Clara de Asís voy experimentando que voy siendo lo que estoy llamada a SER.
“Bendito seas Señor porque me creaste»
“Nos comprometimos una y otra vez con nuestra señora, la Santísima Pobreza”…
Una vida ordinaria, cotidiana, haciendo los quehaceres de la casa, trabajando con nuestras manos, entregándonos en el silencio a la oración, construyendo y eligiendo una vida atenta, presentes en el presente, es lo único que está en nuestras manos, recibiendo la realidad que llega.
Intentamos escuchar juntas el Espíritu y dejarnos conducir en este tiempo de la historia, con los desafíos que eso trae y con el entusiasmo de seguir latiendo en el Espíritu de Francisco y Clara.
Nuestros días no son uno parecidos a otro, la forma de vida tiene su ritmo, pero siempre nos abrimos a lo que acontece y nos dejamos sorprender por Dios.
En lento proceso de seguir descubriendo el propio lugar, la entrega encuentra su cauce diariamente, ir creciendo en conciencia que estamos e intentamos estar para Dios en nombre de la humanidad, de tantos que buscan a Dios sin saberlo y tantos otros que se confían a la oración.
“MIRA DIARIAMENTE ESTE ESPEJO, JESÚS…”
Una forma de vida contemplativa que se centra en lo esencial, Jesús. Todo lo demás puede cambiar, puede estar o no, pero el innegociable centro, el camino de oración en silencio, la humilde y constante orientación a Dios, es nuestro guardar el Evangelio, entre lo que nos toca hacer, pero especialmente SIENDO eso que se nos pide en el corazón de la Iglesia.
Somos una fraternidad de diez hermanas, cuatro generaciones que compartirnos la vida, nuestros días, la entrega, el silencio, aprendiendo y disfrutando lo desafiante de la diversidad.
“Fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma, fija tu corazón y transfórmate toda entera por la contemplación”…
Dios te regale la gracia de escuchar “eso” que te regalo a vos y te invita a desplegar, todo lo que necesitamos para vivir esta DENTRO.
Preguntas para seguir pensando:
La búsqueda vocacional no es lineal, ¿te permitís transitar la incertidumbre en tu propio camino? ¿Cómo vivís las frustraciones que se te presentan?
¿Qué realidades van cambiando tu forma de amar?
«Bendito seas Señor porque me creaste» ¿Por qué de tu vida podés bendecir y dar gracias a Dios hoy?
Para que resuene en tu corazón: ¿Voy siendo lo qué estoy llamado/a a ser?