¡Feliz San Francisco!: Saludo del ministro provincial

El 3 de octubre de1226, Francisco ciego enfermo y llagado pidió que lo lleven fuera de la Porciuncula y lo recuesten desnudo sobre la tierra. Tal vez teniendo presente las palabras de Jesús que dijo: “en verdad en verdad les digo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto”

800 años después de haber recibido, sin resistencia a su hermana muerte, nosotros su familia franciscana somos testigos de cuanta fecundidad y cuanto fruto nos llega de esta entrega.

De entre los incontables dones, regalos, frutos que recibimos de Francisco, quisiera detenerme en uno especialmente que en este tiempo me viene tocando el corazón, a partir de una exposición de Gustavo en la UCA, y es el regalo de su mirada, la que nos comparte en el testamento

En su testamento Francisco nos regala una mirada o una forma de ver su experiencia y lectura de la historia. Antes de morir Francisco le dicta a sus hermanos para que escriban. Alguien que se arriesgó a vivir con tanta intensidad su búsqueda permanente, podría haber empezado por cualquiera de las experiencias que fueron ahondando sus pisadas; cualquiera que pudiese evidenciar la intervención divina con mayor pureza, como la visión que tuvo ante el crucificado de san Damián, o también relatar la radicalidad de su respuesta, como el despojo de sus vestiduras ante el obispo. Pero eligió comenzar así:

El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, comenzar así a hacer penitencia, porque como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y al alejarme de ellos, aquello que me parecía amargo se me convirtió en dulzura de alma y cuerpo

La mirada de Francisco sobre este encuentro es notablemente distinta a la que hacen los biógrafos. Claramente en las biografías nos muestran a Francisco como el primer protagonista de la escena, es él quien se baja del caballo, también quien se hace violencia a sí mismo por el horror que le causaban los leprosos, es él quien da limosna y quien da un beso. Y luego sigue su camino.

Para conocer la voluntad de Dios -que Francisco buscaba- algunos biógrafos dicen que era indispensable “despreciar y aborrecer” al hombre carnal. El vencimiento de sí mismo es presentado como una condición indispensable para conocer la voluntad de Dios.

Pero nada de esto encontramos en la mirada de Francisco. El Sujeto no es Francisco, no dice yo decidí, yo me bajé del caballo, me acerqué, ni mucho menos dice me vencí a mí mismo, ni continué mi camino.

Lo que escribe Francisco es que el Señor lo condujo, y siendo conducido lo saca de un estado en el que Francisco describe como estar en pecados.

20 años más tarde, después del inicio y crecimiento desbordante de la Fraternidad, después de la renuncia a su gobierno, después de visitar al sultán, después del Alverna, mirando hacia atrás, se encuentra él mismo con la mirada transformada. Francisco narra un lugar al que fue llevado sin expresar orgullo de sí mismo por lo que hizo. No niega sus movimientos ni su esfuerzo, pero dejan de ubicarse en el centro. Del acto heroico y arriesgado pasa al reconocimiento del don y al lugar de la revelación.

Y practicó con ellos la misericordia, hizo misericordia, usó su cuerpo, sus manos, lavó llagas, corrió el riesgo de ser contagiado o de ser excluido por estar entre ellos. Y la consecuencia se experimentó en el gusto, lo amargo se volvió dulce, no solamente en el alma sino también en el cuerpo.

Y para Francisco esto no fue un seguir su camino, fue un comienzo radicalmente distinto a las búsquedas anteriores. 20 años después Francisco nos narra e interpreta el inicio de su historia de salvación en la que el leproso no fue el destinatario de una obra de caridad, fue mediación, lugar en donde Dios actúa y se revela, punto de partida de su proceso espiritual.

Creo que tenemos muchísima vida de la que, por gracia de Dios, somos testigos y que podemos valorar como manifestación de la Providencia en nuestro camino provincial. Con casi 37 años desde nuestro nacimiento como vice Provincia, podemos reconocer que el espíritu misionero de quienes nos precedieron sigue vivo y que, a pesar de las dificultades en el proceso de integración de las custodias, hoy podemos celebrar que hemos tenido un capítulo provincial con un precioso clima fraterno, donde la armonía que expresaron las elecciones impidió la experiencia de ganadores y perdedores.

Creo también que a lo largo de la historia hemos sido conducidos por un sendero en el que la unidad y colaboración entre frailes y laicos pareció anticipar la invitación eclesial a un camino sinodal, formando un ecosistema, que nos invita más a mantener vivo un carisma que no se reduce ni se agota en nosotros, sino que nos trasciende y se abre a toda la humanidad, invitandonos a encontrar las formas y estructuras que cambian, como cambia todo en nuestro tiempo.

Celebro y agradezco la disponibilidad de cada hermano y la apertura de las comunidades para disponerse a los cambios en las fraternidades.

Agradezco el camino que vamos haciendo en el cuidado y la prevención, como fruto de este Dios que acompaña y orienta. Reconociendo que hemos vivido dentro de la provincia historias de abuso y maltrato también podemos verificar agradecidos que hemos dado pasos de cuidado; como hito y fruto de mucho trabajo hoy tenemos un manual de cuidado y prevención que nos desafía a seguir creciendo y generar una cultura cada vez más encarnada y natural de una espiritualidad que quiere hundir sus raíces en la misericordia y la ternura.

Hoy también podemos celebrar la estrecha vinculación de la Provincia con los hogares de Cristo, esto es realmente significativo, además de los centros barriales y hogares convivenciales que se fueron abriendo en distintas presencias, festejamos este año, con profunda alegría, la apertura de la granja Yasarekoma (levantémonos) en el dique Itiyuro.

También es posible celebrar hoy, el modo en el que nos estamos yendo de Puan, la serenidad y aceptación con la que restituimos esta presencia al clero secular, manteniendo los vínculos que se han ido forjando a lo largo de los años. Aun cuando ya no estemos presentes y la animación de la parroquia esté a cargo del clero de Bahía blanca, continua el acompañamiento a los jóvenes, los retiros y el grupo misionero que sigue entregándose en otras de nuestras presencias, como pichanal y Río Cuarto.

Me parece importante reconocer los pasos que se están dando a nivel de comunicación para visibilizar y compartir mejor el trabajo tan valioso en cada una de nuestras presencias, usando los medios que nos proporciona la tecnología y la virtualidad, como así también generar ingresos para fortalecer los vínculos solidarios.

Es precioso el camino de red que van haciendo las comunidades educativas, profundizando vínculos en los encuentros de directivos en san Rafael y los encuentros pastorales formativos de septiembre en Mariló. También son muy valiosas las visitas que han realizado algunas Comunidades Educativas (CEF) a otras realidades de la Provincia, como la visita de los jóvenes del Colegio San Miguel de Mar del Plata a Ciudadela, Lanus, Mariló y La Teja; o la misión de los jóvenes de las CEFs san Buenaventura de Rio Cuarto y Villa Mercedes a las CEFs del norte y las comunidades de Pichanal, La Peña y Aguaray.

Resulta significativo que se haya podido realizar este año, a nivel zonal en el norte, el encuentro de espiritualidad franciscana Ribotorto, para todo el personal de nuestras comunidades educativas. Como así también que las CEFs del norte hayan podido visitar Pichanal para que junto a los jóvenes de la Misión organicen distintos gestos de servicio a la comunidad.

En la pastoral juvenil, entre tantas otras cosas, quisiera celebrar y agradecer el inicio del “itinerario Asís”, como fruto de la creatividad de frailes y laicos que quisieron hacer una propuesta formativa franciscana para los jóvenes de la zona centro cuyo. Sin dejar de agradecer el lugar que la Casa de jóvenes sigue teniendo, tanto para los jóvenes de la zona Buenos Aires, como de las distintas presencias del territorio de nuestra Provincia. Esta casa ha sido también lugar de acogida para los eventos de la Fundación Franciscana y las CEFs.

Otro signo del Dios que nos conduce, es el diálogo tan valioso y necesario que se está dando entre las sedes de la Fundación Franciscana y las fraternidades locales, con las comunidades y,  como brote que aunque sea pequeño y verde, da esperanza, con las CEFs.

Si nos pusiéramos a reconocer entre todos signos que revelan el modo en el que el Señor nos conduce, tanto a nivel provincial como local, sin dudas que la lista sería interminable. El encuentro Provincial será un espacio precioso para seguir comunicándonos los signos de Dios que animan, sostienen y conducen nuestra frágil y, al mismo tiempo, hermosa fraternidad provincial.

Deseo profundamente que en estos 800 años que celebramos podamos recibir como regalo de Francisco su mirada. Que podamos releer nuestras vidas con la sabiduría que ilumina su mirada. Que el regalo de su Testamento nos ayude a ver e interpretar los lugares donde Dios se revela, que podamos reconocer que estamos siendo conducidos a donde Francisco fue llevado, y dejarnos conducir. Que el encuentro con quienes padecen las lepras de hoy, pueda ser el comienzo de un profundo proceso espiritual. Que como Provincia franciscana veamos en la experiencia de Francisco, nuestro comienzo y podamos ponerle palabra a la conducción de Dios en nuestra corta pero intensa historia. Que el reconocimiento de tanto don recibido en Francisco y tanto regalo en cada uno y cada una, de quienes formamos parte de esta hermosa Fraternidad Provincial nos mueva a seguir la misma lógica del grano de trigo que, sin resistencia a la muerte, cae en tierra para dar fruto.