Somos Mucho Más Que Dos

 Por: Angel Jakuto y Graciela Quinteros
Amar en medio del miedo y la locura

Las alegrías de los nacimientos, de los nidos que empezaban a tomar forma, fueron trazando un vivir agradecido, que mezclando ternura y fortaleza nos permitió cruzar el oscuro túnel de la Dictadura, de los que perdimos, del miedo y la locura, y abrazarnos hasta hoy con esos recuerdos, con los labios apretados, lágrimas y el silencio, que sólo pudimos romper hace unos pocos años.

Iniciar una historia diferente, sin gritos ni violencias

Desde esos comienzos el llamado del Dios de la Vida al matrimonio se presentó ante nosotros como una oportunidad de iniciar una historia diferente a las que habíamos vivido y hacerlo a nuestro estilo. Fuimos aprendiendo juntos y asumiendo – cada uno – los compromisos, apoyándonos frente a las dificultades, decisiones y desafíos que se iban presentando.

 Fuimos reconociendo nuestras diferencias y confrontándolas con nuestros espíritus y temperamentos fuertes, firmes y libres. No fue fácil, tuvimos que negociar todo el tiempo. Progresivamente llegamos a la confianza absoluta y a movernos con libertad de pensamiento y acción. Algunos acuerdos llegaban después de muchas conversaciones y otros se resolvían solo con mirarnos.

Con corridas, sobrecargas de tareas y faltas de sueño, fuimos buscándole la vuelta a la atención y cuidado de los chicos y a los tiempos que tanto Angel como yo necesitábamos para nuestros compromisos y demandas laborales, y sociales, contando con la ayuda de la madre de Angel, la abuela Elvira, maravillosa mujer, de inmensa bondad y generosidad sin límites. Como eran tiempos económicamente complicados, y en casa éramos muchos, sobraban dificultades. Tuvimos que sobreponernos muchas veces a cansancios, ansiedades, conflictos e incertidumbres. Pudimos sobrellevar estos tiempos a veces con enojos e incomprensiones, pero sin gritos, ni violencias, ni faltas de respeto, lo cual nos reconforta ahora ya viejos recordar.

La providencia y el fuego compartido

En estas circunstancias solíamos sentir claramente algo así como latidos de esperanza con los que la Vida traía calma a nuestras mentes y a nuestros inquietos corazones, nuevos hilos entre los acontecimientos y las personas nos impulsaban a seguir.

Ahora vemos que la vocación ya traía en sí las posibilidades de responder.

Siempre experimentábamos “providencia”, palabra que se perdió en estos tiempos donde todo se compra y se vende. A nosotros, reconocerla, nos hizo agradecidos, radicalmente agradecidos a esa presencia diversa y constante de nuestro amado Buen Dios en nuestra casa y entre nosotros.

Esta vivencia nos sorprendía mirándonos, tomándonos la mano antes de dormir, rezando el Padrenuestro y susurrando esas frases simples que a los chicos les gustaban tanto cantar antes de comer: “Bendice Señor nuestro trabajo y danos el pan de cada día…porque confiamos en Ti” o “Qué alegría cuando nos reunimos….” O la del poster bonito en el cuarto de las chicas que decía “Nada va a pasarnos Jesús, que entre vos y yo no podamos resolver”.

Nuestra casa tuvo desde siempre un “hogar”. Con los ojos de nuestros niños aprendimos a mirar el fuego y a descubrir en sus llamas el gusto por la intimidad y la tibieza de estar y permanecer. Y en el mismo rincón, el asadito, los abuelos, los amigos, la convocatoria…los otros….siempre un lugar en el corazón y en la mesa para alguien más.

Estuvimos de acuerdo también en vivir atentos al impulso de reinventar nuestras vidas en un proyecto de convivencia positivo, con palabras, conversando, con trabajo, rezando, confiando, creando y creyendo en nuestras posibilidades y las de nuestros hijos e hijas que nos iban transformando día a día desde su propia maravilla.

Tuvimos y aún tenemos que mixturar mis arrebatos y ansiedades,con los tiempos pausados y reflexivos de Angel. Nos ayudó apelar a la tolerancia y paciencia y también al enojo e impaciencia para llegar a resolver la maraña gigantesca de temas y cosas que se presentaron a lo largo de tantos años y en una familia numerosa.

Juntos apostamos al estudio y al trabajo, tanto como a la montaña y al rio.

Acompañamos todo lo que insinuaban como potencial de crecimiento los chicos y las chicas, en deportes, juegos, artes. Esto llenó muchos espacios significativos para sus vidas. Coros, bicicletas, gimnasias, bailes, cerámica, música, campamentos.

Ahora nos damos cuenta, sin pesar, que no asistimos a recitales, ni comimos afuera y casi no fuimos al cine ni a espectáculos. Sin embargo, escuchamos música, cantamos, y aún hoy, viejos, bailamos chacareras y nos volvemos a enamorar en una zamba.

Aceptar cuando solo se puedo contemplar

Juntos transitamos también lo que seguramente fue el desafío más grande y al que ni tuvimos tiempo de mensurar: las decisiones de los cinco en sus estudios, profesiones y amores. Fue para nosotros, como para todos los padres, quedar de pronto en la orilla de la contemplación de la Vida, procurando acompañar sin interferir, viendo zarpar los barcos con timoneles preparados pero inexpertos. Sentir el frío de una brisa golpeando con sus arenillas nuestros rostros y las estelas del mar, salpicando nuestros pies para despertarlos de la sorpresa del tiempo que se hizo pájaro.

Tal vez por todo esto, no tuvimos mucho tiempo ni deseos de ocupar nuestras horas en descifrar mandatos, que en nuestra generación los había y muy fuertes y menos aún en atender a los mitos de las “parejas perfectas”, “esposas ideales” o “maridos intachables”. Nada nos eximió de cometer errores con nuestros hijos y entre nosotros, que tuvimos que ir solucionando cada quien a su tiempo y con su psicólogo de turno.

Sed de comunidad

Siempre caminamos con otros, muchos compañeros y compañeras de trabajo, familiares, amigos, laicos, curas, frailes, mucha gente linda.

El Padre Eduardo Ruiz de los Capuchinos de La Cumbre, venía de su exhilio en la Selva Negra Alemana y junto a otros matrimonios nos enseñó el valor de “contemplar”.

El Padre Víctor Acha junto a sus hermanos, todos curas del tercer mundo, nos enseñó la vida en común. Matrimonios, jóvenes y niños, armamos y sostuvimos viva por décadas, la Parroquia San José.

Los Dehonianos de la Quinta, en la Parroquia del Niño Dios, Padres Juan Rossi, y Rodolfo Bonchi, fueron por más de quince años, nuestro motor y soporte para una hermosa misión con los jóvenes del Colegio Secundario. Con ellos tuvimos también, la oportunidad de conocer y compartir con las comunidades Tobas del Chaco Salteño.

El Padre Marcelino Juan en la Parroquia del Carmen, nos confió junto a cuatro matrimonios de los cuales llegamos a ser amigos entrañables, el Movimiento Familiar Cristiano en Carlos Paz.

Pasamos tiempos disgregados como comunidad cristiana, por no aceptar los retrocesos a los que la Iglesia como institución pretendía someternos, y con muchos hermanos y amigos deambulamos por parroquias y capillas buscando palabras con significado evangélico y sacramentos con Vida. En ese tiempo tuvimos muchas bendiciones, el Padre Oscar Audisio, en Tanti, un santo al que acompañamos a morir muy joven y nos dejó muy tristes. El Padre Mario Otonello, Misionero en África y Pastor en la Puna salteña, cura con olor a oveja si los hay, cercano, gigante del compromiso con los pobres. Curas que acompañaban nuestras parejas, nuestras incertidumbres con los hijos y motivaban nuestro compromiso por un mundo mejor.

Ya en un momento más sereno y aliviado de nuestro matrimonio, los Franciscanos de San Antonio de Arredondo, alegraron nuestra casa, compartiendo, la vida, la Misa y el fuego. Fray Salvador se volvió nuestro hermano cercano y Fray Ricardo el hermano que se extraña.

Hubo muchos, muchos más, personas hermosas, encuentros y oportunidades increíbles.

Un regalo inesperado en las periferias

Ahora en estos últimos años, el regalo inesperado que vino a posicionarse como un claro llamado en el centro de nuestros corazones. Comenzó con la invitación del amado Hermano Maxi Ruiz a visitar la Misión San Francisco en Pichanal, con la idea de que Angel pudiese dar una mano en el rearmado de la carpintería. Desde nuestro primer día en la Misión, junto al Hno Maxi, los queridos frailes: Guille, Elbio, Juanso, los voluntarios y voluntarias, Agos, Monti, Jocha, Toy y sus dos pequeños nos reciben con inmenso amor y nos permiten sentir junto a ellos el abrazo de los hermanos y hermanas de la comunidad ava-guarani y el de los y las jóvenes de los Hogares de Cristo. Aunque sabemos que es muy poco lo que podemos brindar y que siempre es mucho más lo que recibimos, nos encanta respirar juntos el aroma de sencillez y alegría de Francisco de Asís y compartir el trajín de estos jóvenes y tantos otros frailes y laicos en la increíble “Casa Redonda” y en los muchos espacios que tiene la Misión y sus obras.

¿Todo esto tendrá algo que ver con la vocación al matrimonio? No lo sabemos… Creemos que cuánto más amor circula entre nosotros, las vocaciones son sólo respuestas al Amor y mientras más cercanos en humanidad y sencillez, mejor podemos cada uno responder al llamado del Dios de la Vida, sin importar tanto ser laico, o consagrado.

Este párrafo queremos dedicarlo a presentarles a nuestros hijos, Pablo y su compañera Romi, Belén y su compañero Sebastián, Sole y su compañero Daniel, Carolina y su compañero Gustavo y Santiago y su compañera Andrea. Ellos y ellas, los diez y los quince retoños, vienen dando sentido, impulso, vitalidad y razón de ser a nuestra vocación al matrimonio y la familia.  Hoy, en el último tramo del camino estamos agradecidos por tanto amor y por sentir que el Buen Dios nos ha venido regalando oportunidades para fortalecer, disfrutar y completar el milagro de “ser mucho más que dos”…

Preguntas para seguir profundizando

  1. ¿Qué ideales inalcanzables o románticos sobre la vocación y los vínculos no te permiten estar en movimiento ni desplegarte?
  2. ¿Reconoces algún momento en el que hayas estado en la orilla de la contemplación de la vida? ¿Frente a quienes o que situaciones?
  3. ¿Sos capaz de reconocer y agradecer los gestos gratuitos con los que Dios sostiene hoy tu cotidianidad?
  4. ¿Creés que la vocación se define de una vez y para siempre, o reconoces que vas modificando tus respuestas vocacionales en distintos momentos de tu vida?